
Mira, que te lo cuento ya: pasas por la Plaza Nueva mil veces, te haces el selfie con el Ayuntamiento de fondo, te tomas tu cafelito… y resulta que una princesa de Hollywood te está mirando desde la fachada y tú sin enterarte. Con la cara de mundano que se te queda, vamos.

Porque Grace Kelly, amigo, tuvo una vida de película. Y nunca mejor dicho. Nace en una familia bien de Filadelfia, se planta en Hollywood en los años 50 y se hace con el corazón de medio planeta. Hitchcock se la rifaba, era su rubia favorita. Y como si eso fuera poco, se casa con el mismísimo Rainiero de Mónaco y pasa de las pantallas a las portadas del cuore. Glamour a espuertas, vamos. Pero el final no fue de cuento: en 1982, conduciendo ella misma, con su hija Estefanía en el coche, se despeñó. Un golpe duro, de los que no se olvidan.

¿Y qué pinta Sevilla en todo esto? Pues pinta, y mucho. Resulta que la Grace era muy aficionada a nuestra Feria y se dejó caer por aquí más de una vez. Y claro, con ese porte, esa belleza y ese no sé qué que tenía, alguien se quedó prendado. Y ese alguien fue Manuel Echegoyán, un escultor de Espartinas.

Corría 1966 y el hombre andaba metido en la restauración de la fachada plateresca del Ayuntamiento. Y va y piensa: «¿Y si me cuelo yo aquí con mi musa?» Dicho y hecho. Aprovechó uno de los medallones que enmarcan los arcos y tallo en piedra el perfil de Grace Kelly. Sin hacer ruido, sin cartelitos, sin ná. Para la posteridad.
¿Y ahora qué? Pues que encontrarla es todo un reto. Entre tanto adorno plateresco, la princesa se camufla que da gusto. Así que ya sabes: la próxima vez que pases por la Plaza Nueva, levanta la cabeza, ponte a buscar y, si la encuentras, ¡presume con tus amigos!
Que Sevilla, cuando no te la cuenta alguien, se la queda para ella solita. 😉
La fama de su personaje tiene además una correspondencia en nuestra tierra. Aficionada a la Feria de Sevilla, a la que vino en repetidas ocasiones, su belleza y personalidad despertaron la admiración de un escultor de Espartinas, Manuel Echegoyán. Así que éste, que participaba en 1966 en la restauración de la fachada plateresca del edificio del ayuntamiento de Sevilla, aprovechó para inmortalizar su perfil en uno de los medallones que enmarcan los arcos del monumento.
Hoy, encontrar su rostro en tan singular conjunto se ha convertido en un reto

Tnto esta historia como muchas mas…te la cuento en mi libro «Sevilla para Jartibles» disponible tanto en Amazon como en las mejores librerias en tapa dura, tapa blanda y en formato digital.






