
¿Ganas de dormir con la luz encendida?
Escúchame bien: si crees que lo más peligroso de pasear por el barrio de Santa Cruz es que te atraque un grupo de cruceristas con calcetines y sandalias, estás muy equivocado. Hay esquinas en Sevilla donde el aire se vuelve más frío que el corazón de tu ex, y la Calle Abades tiene el «honor» de albergar una de las presencias más inquietantes de la ciudad.
¿Te vienes conmigo o te vas a quedar ahí plantado como un naranjo en agosto?
El espíritu que no paga alquiler: ¿Quién es el «inquilino» de Abades?
Una sombra con sotana

La leyenda cuenta que en una de las casas señoriales de esta calle —famosa por sus palacetes y su silencio sepulcral de noche— habita el fantasma de un antiguo clérigo. Pero no te imagines a un tierno abuelito dando bendiciones. Hablamos de una figura alta, oscura, que atraviesa muros como quien cruza la Campana en Semana Santa.
El ruido de las cadenas (y no son de bicicleta)
Varios vecinos y valientes que han pasado por allí a las tantas de la madrugada juran haber escuchado arrastrar cadenas y susurros que no parecen de este mundo. No es el viento, ni un gato en celo; es algo que parece atrapado entre los muros de piedra y el peso de una culpa centenaria.
🧐 Ojo al dato: El peso de la historia
La Calle Abades debe su nombre a que allí vivían los Abades de la Catedral. Históricamente, era una zona de inmenso poder eclesiástico y, como bien sabemos, donde hay poder y sotanas antiguas, suelen sobrar los secretos de confesión que nunca llegaron a ver la luz. Muchas de estas casas tienen criptas y pasadizos subterráneos que conectan con la zona de la Giralda.
¿Por qué sigue allí? El drama del arrepentimiento
Se dice que este espectro es el alma en pena de un hombre de fe que cometió un pecado inconfesable (probablemente relacionado con una fortuna oculta o un amor prohibido, que en Sevilla nos gusta mucho un drama).
- El frío repentino: Si pasas por el número habitual de los avistamientos, notarás que la temperatura baja de golpe.
- El olor a incienso viejo: No es que esté pasando el Gran Poder; es un aroma a rancio, a sacristía cerrada durante siglos.
- Las luces que bailan: Testigos afirman ver destellos en las ventanas de casas que llevan décadas deshabitadas.
Y el punto exacto?
¡Oído cocina! Tienes razón, que si te mando a la aventura por la Calle Abades sin el «punto exacto», lo mismo acabas metido en un portal que no es y te llevas un escobazo de una vecina, que eso da más miedo que cualquier aparecido.
Saca el Google Maps o, mejor aún, prepárate para caminar, que aquí tienes las coordenadas del misterio:
El epicentro del escalofrío: Una casa de la Calle Abades
Si quieres que se te erice el vello de verdad, tienes que plantarte frente a la fachada de determinado numero (se omite para evitar molestar a los propietarios). Este no es un edificio cualquiera; es una de esas casas palacio que parecen sacadas de una película de suspense de las de antes.
¿Por qué aquí?
Este edificio ha sido históricamente vinculado a la Orden de Malta y a altos cargos eclesiásticos (los abades que dan nombre a la calle, lógicamente). Los fenómenos más heavies —luces que se encienden solas, sombras que cruzan el patio central y ese frío que te corta el cuerpo— se concentran precisamente en esta finca y en el tramo que comunica con la Calle Segovias.
El rastro que queda hoy (si te atreves a mirar)
Sevilla no borra sus cicatrices, solo las maquilla. Si vas hoy mismo a la Calle Abades, busca estos «rastros» que confirman que la leyenda sigue viva:

El azulejo del Gran Poder: Justo en la fachada de esa casa verás un retablo cerámico del Señor de Sevilla. Dicen las malas lenguas (y algún que otro experto en lo paranormal) que no está ahí solo por devoción, sino como un «escudo espiritual» para mantener a raya las energías negativas que emanan del interior de la casa.
La extraña estrechez del callejón: Si te fijas en los muros bajos de la calle, verás restos de antiguos guardacantones (esos postes de piedra para que los carros no golpearan las esquinas). Algunos dicen que el fantasma se manifiesta justo ahí, donde el espacio se vuelve tan angosto que no tienes escapatoria si te lo cruzas de frente.
El silencio antinatural: A pesar de estar a dos pasos de la Giralda, en este tramo de la calle el sonido rebota de forma extraña. Hay un «vacío acústico» que hace que tus propios pasos suenen como si alguien caminara justo detrás de ti.
🧐 Ojo al dato: La conexión subterránea
Bajo esa casa y las casas colindantes existen criptas y sótanos que datan de la época romana y visigoda. En las reformas de los años 90, los obreros se negaban a bajar solos a ciertas estancias porque decían sentir que «alguien les respiraba en la nuca». Hoy día, esos sótanos siguen ahí, sellados al público, guardando quién sabe qué huesos.

Para quedarte con la peña: El detalle bizarro
¿Quieres vacilar de experto en tu próxima reunión? Pues apunta: Se cuenta que a principios del siglo XX, un arquitecto que reformaba una de estas casas encontró un emparedado. Pero no un bocadillo, no… ¡restos humanos tras un muro doble!
Desde entonces, se dice que el fantasma de la Calle Abades no busca asustar, sino que alguien encuentre algo que todavía permanece oculto bajo las losas de mármol. Así que, si vas mirando al suelo, que no sea por timidez, sino por si ves una trampilla.
¿Te atreverías a pasear por la Calle Abades a las tres de la mañana tú solo? ¿O eres de los que prefiere ver los fantasmas desde la barrera con una cervecita en la mano?
Déjame un comentario si has sentido algo raro por esa zona o si conoces a alguien que haya salido corriendo de allí. ¡Y no te olvides de compartir este post antes de que el cura de Abades te tire de los pies esta noche!
📍 Guía del explorador: Qué ver (y dónde refugiarse) cerca de Abades
Si ya has terminado de hacerte el valiente frente a esa casa y notas que te flaquean las piernas, apunta estos puntos clave que tienes a tiro de piedra:
- La Casa del Abad (Calle Abades, 4-6): No te confundas, esta es la «cara amable» de la calle. Es una casa-palacio impresionante convertida en espacio de eventos. Asómate al patio si puedes; es el ejemplo perfecto de la opulencia que escondían esos muros mientras los fantasmas hacían de las suyas en la acera de enfrente.
- La Calle Aire y sus Baños Árabes: Justo al doblar la esquina, tienes la calle más estrecha y con más «age» de la zona. Allí están los famosos baños Aire de Sevilla. Si el fantasma te ha dejado el cuerpo cortado, un bañito termal en un palacio del siglo XVI te deja como nuevo. Dicen que el vapor ayuda a olvidar los sustos.
- El busto de la Cabeza del Rey Don Pedro: Camina un par de minutos hacia la calle homónima. Verás un busto del rey «Justiciero» (o Cruel, según a quién preguntes). La historia de por qué está esa cabeza ahí es casi tan truculenta como la del fantasma de Abades. ¡Sevilla es un no parar de dramas!
- Plaza de la Alianza: El sitio perfecto para recuperar el aliento. Tiene unas vistas de la Giralda que te quitan el sentido y el sonido del agua de la fuente te limpiará los oídos de tanto susurro espectral.
💡 Consejo de colega:
No vayas a la Calle Abades con prisas. Lo ideal es ir al atardecer, cuando la luz naranja de Sevilla empieza a morir y las sombras de los balcones se alargan. Es el momento justo en el que la calle deja de ser un paso de turistas y se convierte en el escenario de una novela gótica.
No solo de misterio vive el hombre: Mis paradas obligatorias para tapear
Después de tanto misterio y tanto espíritu, lo normal es que tengas la boca más seca que el ojo de un cristal y el estómago pidiendo guerra. Para que no pierdas el carisma (ni el norte), aquí te traigo mis paradas obligatorias por la zona.
Prepárate, que vamos a lo seguro, a los sitios que tienen «aje» y donde la cuenta te la siguen apuntando con tiza si hace falta.

🍻 Para tapear con solera (a un paso de Abades)
- Las Teresas: Es el templo. Si no vas a Las Teresas, no has estado en el Barrio de Santa Cruz. Tienen el mejor jamón de la zona y unas espinacas con garbanzos que te resucitan a un muerto. El local es un museo: fotos antiguas, azulejos y ese olor a gloria bendita.
- Bodega Santa Cruz «Las Columnas»: Prepárate para los empujones, pero merece la pena. Es el sitio más auténtico para ver cómo los camareros gritan las comandas y te apuntan la cuenta en la madera de la barra con tiza. Pídete un montadito de pringá o una de tortilla. Es barato, caótico y 100% Sevilla.
- Taberna Álvaro Peregil – La Goleta: Un local minúsculo en Mateos Gago con una historia gigante. Es el sitio perfecto para probar el Vino de Naranja. Te lo sirven frío y entra solo, pero cuidado, que luego el fantasma de Abades te va a parecer que baila sevillanas.
⛪ El sitio «Insólito» para la penúltima
- Bar Garlochí: Si te gusta el rollo del fantasma y lo barroco, este bar es tu Meca. Está a unos 5-7 minutos andando (en la calle Boteros). La decoración es… bueno, imagínate una hermandad de Semana Santa metida en un bar de copas. Incienso, terciopelo rojo, vírgenes y santos por todos lados.
- Imprescindible: Pídete la «Sangre de Cristo» (un cóctel rosa que pega fuerte) mientras escuchas marchas procesionales a toda pastilla. Es lo más bizarro y maravilloso que verás hoy.
☕ El toque histórico
- Cervecería Giralda Bar: Está en lo que antiguamente fueron unos baños árabes del siglo XII. Tapear bajo esas bóvedas y arcos de herradura, justo al lado de la Giralda, te hace sentir que estás en otra época. Sus croquetas son de otro planeta.
💡 Mi consejo de experto:
Empieza por un vino de naranja en Álvaro Peregil, sigue con una de jamón en Las Teresas y termina la noche sumergido en el incienso del Garlochí. Es la ruta perfecta para procesionar por el centro sin necesidad de llevar capirote.



Me lo apunto! Este finde sin duda alguna lo visitaremos. Mil gracias siempre por tus historias! Son geniales y de gran ayuda👏👏