Imagen cuadrada del azulejo con el asterisco azul en la muralla del Callejón del Agua en Sevilla, con el título El enigma del símbolo del asterisco en la Calle Agua

El secreto del murmullo: Los tubos de los Reales Alcázares

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¡Ea, búscate una sombrita y prepárate! Si eres de los que pasea por el Callejón del Agua —ese sitio donde el muro del Alcázar te da un fresquito que ni un aire acondicionado a 16 grados— seguro que te ha pasado. Vas tan tranquilo, disfrutando del olor a dama de noche y de la solera del barrio de Santa Cruz, cuando de repente, ¡pam!, ahí lo tienes: un azulejo blanco con un asterisco azul incrustado en la muralla.

Parece el logo de una farmacia de guardia o una nota al pie de un contrato de hipoteca, ¿verdad? Pues no lo busques en los libros de Historia del Arte con mayúsculas, porque ahí no lo vas a encontrar entre la Giralda y la Torre del Oro. Esto es otra liga, miarma.

¿Masones, Templarios o Aliens? La leyenda de la taberna

En Sevilla, que nos gusta una leyenda más que un convite, se ha dicho de todo por las esquinas de Santa Cruz. Hay quien jura por sus muertos que son marcas de la Inquisición para señalar casas de «pecadores» o puntos donde el aire estaba maldito.

Otros, con más imaginación que un guionista de Netflix, dicen que son estrellas mudéjares que indican tesoros enterrados. Escúchame: si fuera por tesoros, Sevilla estaría más levantada que la calle Luis de Morales en obras.

El secreto del murmullo: Los tubos de los Reales Alcázares

Pero ojo, que la calle no se llama «del Agua» por un capricho del Ayuntamiento. Este tramo de la muralla llevaba en su interior dos tubos que conducían el agua de los Caños de Carmona hasta los jardines de los Reales Alcázares. Imagínatelo hace siglos: el sonido del agua corriendo por dentro del muro debía de ser constante al pasar por esta calle. Era como tener una fuente infinita acompañándote el paseo.

De ahí que se le pusiera ese nombre tan fresquito. Por eso, si llegas al final de la calle, en la Plaza de Alfaro, puedes ver todavía hoy los tubos por los que entraba el agua y una placa cerámica que lo explica. Es pura ingeniería de supervivencia y lujo real a partes iguales.

La bofetada de realidad: «¡Cuidado, que te vas por la pata abajo!»

Siento romperte el romanticismo, pero ese asterisco no es una invitación al misterio, es un aviso de peligro. A finales del siglo XIX y principios del XX, las famosas guías de viaje (como la Baedeker) empezaron a marcar ciudades como Sevilla con este símbolo.

¿El motivo? El tifus.

El agua de las fuentes y las acequias estaba más «alegre» de la cuenta, llena de bacterias que te mandaban al otro barrio antes de que pudieras decir «una de adobo». En el Callejón del Agua, por donde pasaban los tubos de los Caños de Carmona, ese azulejo era la señal de los ingenieros de salud pública: «Agua no potable». Básicamente, el asterisco te estaba diciendo que si bebías de ahí, el siguiente monumento que ibas a visitar era el Cementerio de San Fernando.

¿Sabías que…? Curiosidades de Jartible

  • La fobia de Falla: Manuel de Falla (el de los billetes de cien pesetas de antes) era un hipocondríaco de manual. Antes de mudarse a una casa, mandaba cartas preguntando por el estado de los asteriscos y el tifus. ¡Como para ver el azulejo y no salir corriendo!
  • No es único del centro: Si te vas a las ruinas de Itálica, en Santiponce, donde los gladiadores se daban estopa de la buena, también verás el dichoso asterisco en el dintel de una puerta. Se ve que el aviso era necesario hasta para los que querían ser emperadores romanos.
  • Ingeniería contra el Guadalquivir: La muralla no solo traía agua, también la paraba. Las ranuras verticales que ves en puertas como la de la Macarena servían para encajar tablones cuando el río se ponía «flamenco» y evitaban que Sevilla terminara como la Atlántida.

🚩 RETO DEL JARTIBLE: El rastro del asterisco


Tu misión, si decides aceptarla, es encontrar el asterisco de la Calle Agua y, justo al final, localizar los tubos de la Plaza de Alfaro. ¡Sácale una foto a ambos sin que te pise un coche de caballos!
Tu misión
Súbela a tus redes etiquetando a @callejerosporsevilla.
Hashtag obligatorio: #elretojartible

Así que ya sabes, la próxima vez que pases por la calle Agua, disfruta del fresquito y del eco de los antiguos tubos, pero si ves el asterisco… ¡ni se te ocurra arrimar el búcaro! Que en Sevilla somos muy de milagros, pero para el tifus no hay «No ni ná» que valga.

¿Conocías la historia de los tubos o eras de los que buscaba el tesoro templario? ¡Cuéntamelo en los comentarios!

Si te ha gustado esta «guasa» histórica, este relato forma parte de mi libro «Sevilla para Jartibles», una guía descarada para entender la ciudad y sus mitos sin parecer un güiri. ¡Hazte con él y que no te den gato por liebre!

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